Estoy a favor de que la
metodología deba avanzar y transformar al alumno en una persona activa capaz de
reflexionar sobre las distintas materias, sacando sus propias conclusiones y
construyendo unas competencias propias que pueda relacionar, utilizar y desarrollar
en todos los aspectos de la vida, no solo en el ámbito académico.
Pero para llegar a este
punto es fundamental, por un lado, que
los docentes estén preparados para dar este cambio sobre el enfoque de la
metodología y tener muy claro que no se trata de memorizar y plasmar en una
hoja un día y a una hora determinada, sino de que formulando una simple
pregunta sobre un punto del temario, el alumno sea capaz de encontrar sus
propios recursos y capacidades y que éstos le permitan desarrollar unas
competencias, es decir, que adquiera
autonomía.
Por el otro lado, creo que
hay que involucrar a las familias en este avance metodológico y explicarles el
nuevo enfoque educativo, pues nos encontramos anclados en una metodología que,
básicamente, se preocupa de dar una enseñanza académica instructiva sin tener
en cuenta las competencias del alumno. Para muchos padres el hecho de que el
profesor pueda dejar de lado el libro de texto y enseñe la materia desde una
postura más práctica en la que el alumno debe ser capaz de reflexionar por sí
mismo y llegar a sus propias conclusiones, puede causar un choque entre padres
y docentes, pudiendo llegar al desprestigio de estos últimos.
En definitiva, no hay que “matar”
la creatividad del ser humano durante su proceso de aprendizaje con métodos
anclados en memorizar sin razonar e incluso sin entender, sino todo lo
contrario. Es contradictorio que a medida que avanzamos en el proceso de
aprendizaje vayamos perdiendo nuestras facultades creativas y esto es algo que
hay que evitar, pues lo único que se consigue es aletargar nuestra capacidad
resolutiva a la hora de enfrentarnos a situaciones que requieren cierto un
razonamiento.
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